Permítanme ser tajante sobre el siguiente punto:
Jamás en mi vida me vi enfrentado a un desafío mayor que seleccionar las obras del maestro que serán exhibidas en nuestro humilde portal. Y me temo que nunca más lo haré.
Entre todo el puñado de idiotas e incompetentes que dirigimos 334, nadie tiene madurez suficiente para juzgar el arte de esta leyenda viviente. Y por supuesto yo no soy la excepción. Por lo mismo corté por lo runio y seleccioné una obra representativa de cada período de la sufrida y apasionada vida de este prodigio.

Probablemente una de las obras pristinas de Pablo (En lo sucesivo Pablito, como me gusta llamarlo). Las pruebas de carbono14 nos hacen creer con cierta certeza que probablemente fue pintada entre Marzo - Abril de 2004. Se trata de un hermoso lápiz bic sobre hilado, con motivos bacanales propios de la cultura criolla. El trazo refleja aún inmadurez, y la ausencia de manos en el mozo muestra conocimientos aún anacabados sobre anatomía humana.

El debate en torno a esta obra (quienes muchos consideran el punto álgido en la corta carrera del artista) es generalmente acalorado, pues los expertos en Pablo, sus biografistas (autorizados y no) y los críticos de arte en general no logran ponerse de acuerdo sobre lo que la escena representa. Hay quienes creen se trata de una autorreferencia, según la cual un juvenil Pablito Andrés, lleno de dudas y contradicciones, se redime a si mismo mediante el símbolo de la confesión. Otros, por el contrario, creen que se trata de una autocondena, en donde el autor representa su niño (o porque no, ninja tortuga adolescente mutante) interior. Como sea, esta obra, datada entre Abril - Mayo de 2004, se corresponde con un período en la vida del joven en que, se presume, se hallaba profundamente inmerso en las drogas, probablemente debido a depresiones derivadas de la falta de actividad en su vida sexual.

Precisamente a fines del doloroso período en la vida de Pablito que acabamos de narrar, es que hace su aparición un personaje que, según los biógrafos del artista, fue más que un cable a tierra; fue su alfa y omega, su ying y yang, su praxis y theoria, su paranoia/parsimonia, su vieja zorra, etc. Es su musa, la John Lennon que le llaman, quien sacó a Pablito de su profunda depresión. Nace con ella una fecunda época en la vida del artista, quien produjo más de 50 dibujos a mano alzada retratando su cuerpo y alma, ya con la madurez de la mediana edad. Tristemente, la musa no fue capaz de comprender el genio de su cónyugue, por lo que la relación término abruptamente en algún punto entre Mayo y Junio, iniciándose así la decadencia de PAC.

Un Pablito Andrés ya anciano, sumido en la indigencia, se arroja a las calles de la ciudad a derrochar los útimos años de su vida. Se transforma primero en un bohemio, para luego pasar a ser un borracho, un decandente, y con posterioridad un vagabundo. Es en esta etapa aparecen obras con motivos urbanos: el metro de Santiago, plazuelas y otros rincones y tugurios (S. Iturunio). Es en esta época también que aparece unos de los más raros y valiosos libros inéditos de la historia occidental: Mis Manos, Mi Historia en donde a través de una serie de dibujos narra su tortuosa vida y el dolor de ser un alma incomprendida. Esto ya hacia fines de Junio. Se desconoce el paradero de este invaluable ejemplar.
Hacia Julio Pablito se encontraba totalmente perdido, había dejado de ser el romántico e idealista que alguna vez fue. A mediados de aquel mes se pierde su pista por completo, y hoy se le presume muerto.
Por último, ya que el dolor me agobia tras repasar la vida del maestro, una de las pocas fotografías que los paparazzis lograron tomarle en vida, mientras trabajaba en su atelier.

